martes, 14 de julio de 2009

Nueva Legislatura ¿Qué PRI?

7/13/2009 9:26:00 PM, La Jornada, edición Veracruz.
Nueva Legislatura ¿Qué PRI?
Juan-Pablo Calderón Patiño
La elección para la renovación de la Cámara de Diputados rebasó los pronósticos de los que auguraban un abstencionismo que, según sus impulsores, pudo haber superado 70 por ciento, lo que hubiera supuesto no sólo un altísimo déficit de legitimidad, sino una crisis institucional en el primer ejercicio que la democracia mantiene en el sufragio. En contracorriente a la votación cercana a 45 por ciento del padrón electoral, por primera vez desde hace varios años, una elección intermedia despertó ese alto índice de votación, incluyendo el caudal de votos nulos que llegó a superar el porcentaje de votos del ramillete de partidos “bonsái” o la llamada “chiquillada”.Una vez más, el PRI manifestó lo atípico que es, frente a los diversos actores políticos y académicos que lo veían muerto después del 2000, el viejo partido no sólo demostró que está más presente que nunca, sino que también que tiene la capacidad para seguir ganando espacios de poder, de manera esencial en gobiernos estatales y municipales. Ahora, logró sumar la operación electoral de sus gobernadores, para ganar la primera minoría en la Cámara de Diputados, el espacio que junto con el Senado, es por excelencia la arena de la política nacional. En el sistema de mayoría relativa ganó más de 50 por ciento de los 300 distritos electorales.No se puede seguir analizando la nueva conformación de la próxima Legislatura 61 si no se enmarca en el pasado reciente del avance democrático de México, el cual no inició en el 2000. Para algunos, con énfasis los partidarios de la derecha, el año 2000 fue el principio de la transición mexicana. De nueva cuenta ¿Transición a dónde? ¿Qué rumbo tiene esa transición? ¿Por qué expropiar ese término si no hay ruta segura y nadie tiene el derecho de expropiársela?2000 no representó ninguna transición democrática, porque ésta comenzó en la parte del andamiaje legal y político en 1977, con la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles. El prólogo a 1977 fue, sin temor a la equivocación, 1968, cúspide de la movilidad social que ya había tenido un encender unos años antes en el movimiento ferrocarrilero y en el de los médicos. Lo que evocó la derrota del PRI en 2000 y el paso al poder presidencial del contrincante histórico del priísmo, fue en realidad una demostración civilizada de alternancia política, ejercicio que ya era una realidad en gobiernos estatales desde 1989.La alternancia en la presidencia de la República era un tema pendiente, que demostraría el calado institucional y político para un cambio de poderes terso, también representó y convalidó en 2006 el fin de la transición a la democracia. El poco espacio del PRI para escuchar que debía de transformarse desde hace más de dos décadas le costó no sólo una progresiva disminución de votos, sino el fin del monopolio para hacer política y llegar por la vía electoral y pacífica a los diversos brazos del Estado mexicano.La transición democrática no puede replegarse como bandera eterna para luchadores políticos y sociales. Fue aspiración en lo electoral, ya acabada. La reciente elección que puso a prueba al IFE, significó puntos positivos para recobrar lo perdido en materia electoral en el 2006. Con ello, también se despejan dudas de que se tiene la armadura en el actual Consejo General del órgano electoral, para volver a probar las reformas electorales que tendrán que validar en el 2012.La transición no puede ser discurso eterno. Quizá, el salto al poder de diversos grupos políticos ajenos al PRI, entre ellos la izquierda radical y la derecha política, lo argumentaban para llegar al poder. Hoy, desde el poder, ya no puede tener eco evocar a la transición democrática. Más bien, el pendiente es que en la democracia se diserten soluciones a los pendientes de la agenda nacional, tanto en la coyuntura, como los que están entretejidos en la realidad nacional como la desigualdad social, la pobreza y las disparidades regionales.Como juego maligno para los que defienden a la democracia y en el trasiego de su actuar, buscan aniquilar al contrincante político. La reciente campaña para diputados federales, demostró dos cosas. Una, que es ya débil el argumento de que todos los males nacionales son fruto del PRI y dos, que el PRI está ganado en una realidad diametralmente distinta a la de hace cuatro lustros. En el primero, su debilidad es latente cuando el PAN ya lleva casi una década gobernando. En la segunda, el PRI que sabía que no había más alternativa en dar apertura de espacios políticos a la oposición, ha pasado del ser el partido hegemónico o de Estado para muchos, al partido dominante en la escala de partidos políticos, que el propio Giovanni Sartori escribió. Con nuevas reglas en el juego electoral, el PRI está demostrando que puede caminar a prisa para regresar a Los Pinos, en un contexto de alta competitividad electoral.Quien hoy se refiera como priísta (con mayor dedicación los que sin tapujos admitían su militancia antes de esta victoria), no tiene duda sobre su pertenencia al partido, sino ¿a qué PRI, pertenece? El PRI no puede ser “la confederación de diversos intereses privados o investidos en un neocaudillaje”, como lo representa el papel de sus gobernadores. Posiciones divergentes como el puñado de priístas (todavía los hay), que insisten en las medidas monetaristas impulsadas desde 1982 y que hoy la propia realidad nacional y global demuestran su ineficiencia. Son contrincantes de un priísmo que busca recuperar el Estado social, la ventana a la responsable participación del Estado en la regulación en la economía. Posiciones que en conjunto pretenden recuperar espacios perdidos, como el apoyo en la clase media o en diversas minorías, representan los rasgos de darle al PRI un sello ideológico, en el intento de mexicanizar la socialdemocracia.Hoy se dice que el PRI junto con el PVEM puede tener mayoría. Así puede ser, pero lo cuantitativo en el Congreso siempre se topa con lo cualitativo que puede o no afianzar la credibilidad. Si el PVEM es el enramado de representantes de poderes fácticos (muchos enfrentados con el PRI, en temas como la regulación de los medios electrónicos), ¿es confiable una alianza con los verdes? ¿Hasta qué grado no es mejor alianzas temáticas con un sector del PRD o Convergencia?Hoy, el PAN perdió los hilos de la conducción presupuestal al no contar con los 167 diputados necesarios para seguir teniendo el manejo del Presupuesto de Egresos. En la mentalidad de los que parlamentarizan a su libre albedrío el presidencialismo, se dice que habrá un “cogobierno” entre el PRI y el PAN. Una cosa es que haya colaboración de poderes y otra es que sea obsecuente con el oficialismo y se pierda identidad y capacidad de diferenciarse. El PRI no puede “cogobernar” con el PAN y lo saben bien desde Los Pinos, ahora más que nunca se verá si hay audacia para no entrampar ni secuestrar agendas. Se dirá “el PRI si quiere retornar al poder en el 2012 no va a querer gobernar un país devastado”. Es cierto, pero ello no involucra seguir dando palos de ciego a lo que dicta la Secretaria de Hacienda o los trazos que desde la soledad del Presidente de la República salgan, cuyo único camino es tratar de hacer política. Asunto complicado para quien ayer desestimó y condenó sin necesidad al aliado político del que hoy necesita, pero también, por el que está en el poder. Germán no abrió la boca sin autorización de su jefe político.Hoy el PRI ganó la primera fuerza en San Lázaro. Las trompetas de la victoria encantan a muchos priístas, a casi todos. La cohesión y la unidad sirvieron, pero en muchos otros priístas siguen escuchándose los tambores de otra batalla que no tiene escalas. La batalla por la refundación ideológica y una auténtica renovación generacional. Pretender aplazarla por el triunfo inmediato sería perder una oportunidad no sólo para 2012, sino para ser un transformador en una nueva historia nacional. Rafael Segovia escribía que “Abandonar a un partido, en este caso concreto al PRI, a su destino, a un destino fijado por el sólo, conduciría en un plazo brevísimo a la ingobernabilidad”.La refundación es un ejercicio que no admite prórrogas y como asunto de gobernabilidad nacional, también tiene la asignatura para contribuir a una democracia efectiva, paso posterior a la acabada transición. Así logrará callar a los que dicen: “ganaron, porque entre los violentos y los incompetentes, no había opción” o “hay una regresión autoritaria”.