jueves, 11 de junio de 2009

PRI: ¿GENERACION PERDIDA?

México, D.F. - Miércoles 24 de Enero de 2007





Priistas jóvenes ¿Generación perdida? Parte IEl triunfo discutido, pero triunfo legal del PAN, ha servido para alimentar la mentira de suponer que si el priismo no tiene futuro, mucho menos lo tendrán sus jóvenes militantes, pues desde los ojos del conservadurismo se cree que viven en un laberinto. ¿Generación perdida? Esta expresión nació para definir a un grupo de escritores estadunidenses que fueron marcados por el desastre de la Primera Guerra Mundial. Por más que Ernest Hemingway, uno de sus más destacados miembros, estuviera en situaciones de riesgo, no fue, a diferencia de otras generaciones que fueron eliminadas de manera brutal, una generación a la que le fuera arrebatada la vida.Hoy, lejos de acampar en el campo de la desolación, un grupo de jóvenes priistas estamos por demostrar que ni el desánimo ni el arrinconamiento, son motivos para dejar de luchar por la refundación del PRI. En esa guerra, intensa como todas las que se libran en el interior de los partidos políticos, el enemigo es el tradicionalismo priista, que ya no opera en el sistema competitivo electoral ni mucho menos en recuperar la confianza de los ciudadanos y, así, tejer la reconciliación con la vida nacional, objetivo pendiente desde mucho antes del 2000. La juventud del PRI revalora la obra de hombres como Reyes Heroles; la toma como parte de la carta de ruta que tiene como destino la construcción de nuevos signos, cimentadores de un partido creador de nuevos derroteros para el siglo XXI. Octavio Paz escribía que el PRI tendría que reconocer que no tendría más camino que compartir el poder. Poco a poco, la demanda ciudadana de apertura democrática impulsó una serie de reformas y transformaciones para abrir el sistema político, además de limpiar y darle confiabilidad a los procesos electorales para guiar el camino hacia un sistema más plural y competido. La juventud del PRI no tradicionalista, que sabe traducir los nuevos tiempos en recuperar el sentido de la política, está consciente de su labor: darle, también, operabilidad a la democracia; operabilidad trasladada en saber tener respuestas puntuales a problemas concretos, en entender al Estado, que así como manifiesta sus relaciones horizontales entre los poderes de la Federación, también se pueda tender la horizontalidad en la relación con la sociedad civil y un renovado marco para un corporativismo que está llamado a reinventarse en un proceso democrático. Para posibilitar esa meta, cualquier ejercicio de refundación debe contestar qué representa hoy el PRI y que se quiere representar más allá de la cuarta etapa histórica, que marcaría el inició de una nueva dirigencia. Una generación refundadora no ve perdida la escalera hacia el poder; lo que se perdió fue la forma tradicional del priismo histórico para arribar al poder. En una acción política que redefina cómo debe de ser el priismo, que sea capaz de hacer un debate serio de los retos del partido, habrá oportunidad para ganar en confianza y demostrar con responsabilidad política e irrestricto apego a la ética política que se pueden ganar espacios. No es tarea fácil, pero no hacerla y continuar el camino al tradicionalismo obsoleto que, más que defender un partido, defiende a grupúsculos bien identificados que administrarían el estertor del fin, sería una deuda no sólo con la juventud que cree en el PRI, sino con madurar un partido de centro izquierda moderno, que incursione con éxito en el mapa político nacional, que actualmente vive bajo una derecha con rémoras ultraconservadoras y una izquierda retraída en caudillos. Otro paso para recuperar credibilidad es dar fin a la alianza con el Partido Verde que, más que fuerza política, conjunto al partido con mercaderes de la política. Frente a la crítica de varios priistas que advirtieron del error de esa alianza, Madrazo la impulsó. El PRI no necesita alianzas con partidos que creen que son signos de juventud; la juventud de la refundación priista no necesita suplentes. El silencio arrollador ante una conducta sumisa, que violenta la libertad y responsabilidad de un político moderno, ya no es camino; como tampoco lo es adular a quien tenga el poder: respeto al jefe no es adulación. La adulación es el principio de la metástasis que corroe y mata al ejercicio de la crítica libre y democrática. Ante ello, la sincronización de experiencia de los cuadros históricos del partido con jóvenes refundadores, ofrece el establecimiento de un diálogo permanente de ideas, además de posibilitar espacios para la actuación. ¿De qué serviría que políticos en el poder abran espacios a jóvenes que no respondan a los retos de la política y sean exponentes de la incultura de la adulación? La sociedad ya no se deja llevar por espejismos y condenaría con su voto esa funesta práctica que busca legitimar espacios a jóvenes. Juventud no necesariamente es sinónimo de refundación. Hay jóvenes que creen en el tradicionalismo añejo, que ya contribuyó a la peor derrota del partido. Por primera vez, estamos en la posibilidad de generar un partido político auténtico, pero sin la revisión y reconocimiento del pasado y del presente sería una torpeza proyectar un futuro. Por lo anterior estamos conscientes de la oportunidad histórica de darle ese valor a la cuarta etapa del priismo, que exige refundar la concepción de partido político moderno. No estamos ni en un laberinto ni, como desearía la derecha, somos una generación perdida. Al tiempo.
Juan-Pablo Calderón Patiño







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México, D.F. - Miércoles 7 de Febrero de 2007


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Priistas jóvenes, ¿generación perdida? II ParteLa juventud priista refundadora se forma no en el antagonismo entre el espacio de educación pública y la privada, sino en su complementación. Ambas contribuyen al desarrollo de un proyecto socialdemócrata mexicano. No obstante, consciente de que la libertad se traduce en la igualdad de oportunidades, sostiene que la escuela pública y laica es el baluarte de integración nacional y de inclusión. Como moraleja de la historia contemporánea, sabe que obstinarse en la tecnocracia vacía de sensibilidad política, es el error que no hay que repetir. Fortalecer la vocación política de los jóvenes priistas junto con profesionalizar su área de estudio o especialización en áreas como la diplomacia, la economía y la cultura, entre otras, posibilitará una nueva clase política que no se pierda entre el frío pragmatismo y la lejanía social de una tecnocracia ambivalente en su militancia política. Como han dado prueba los “migrantes” del PRI al foxismo, primero. Después, al primer gobierno panista con Felipe Calderón. ¿Hay diferencia con visualizar en la administración pública una oportunidad laboral? Sí. Una cosa es trabajar para el Estado, ser institucionales y saber la división entre militancias políticas y trabajo público; el Servicio Exterior Mexicano, es un ejemplo. La otra, representa la ausencia de definiciones políticas claras, el chaqueteo, buscar la plaza anulando toda congruencia política y tratando de ser puro cuando el baño de lodo es evidente. Gran parte de la tecnocracia no inspira confianza, no sólo por el maridaje con la derecha, sino por su frialdad y su proyecto anti-Estado. La tecnocracia no representa una alternativa política. Bien haría un PRI restituido en una socialdemocracia, en reconocer el tránsito por el partido de ese sector. Gran parte de la tecnocracia que arribó en 1982 es la gran ganadora, junto con células de la ultraderecha, del cambio de partidos en el poder. El modelo económico está intacto, el pensamiento tecnócrata en Hacienda sigue rigiendo y el dogma sigue anclado en el Ejecutivo. La juventud refundadora no es sólo de un nuevo PRI sino también la respuesta a un viraje del modelo económico. Se dirá que no hay alternativas y que el pensamiento único es la religión de la globalización. Que no hay más campo de acción salvo el que permitan las grandes organizaciones económicas y comerciales internacionales y que México debe seguir en lo mismo. Seguir en el mismo camino representa más que terquedad y necedad, la imposibilidad por crear caminos alternativos. Continuar bajo el signo de la estabilización sin crecer, arrinconando al Estado a ser un policía y un ente que hay que desrregularizar, no contribuiría ni a la credibilidad de la política ni a dotar de confianza a un Estado con nuevos roles y responsabilidades en la globalización. La refundación del PRI debe de actuar ya para saber dar respuestas y dotar de confianza a los 134 millones de mexicanos que poblaremos nuestro país en el 2025. En dar las herramientas para que los jóvenes ejerzan sus vocaciones, dado que aproximadamente 1.5 millones se integrarán anualmente a la Población Económicamente Activa. En aprovechar el “bono demográfico” y dotar de certidumbre el sistema de pensiones. En ofrecer y ampliar las energías alternativas y estar prevenidos ante el inminente tramo final de los energéticos petroleros. En constituir un renovado nacionalismo en una globalización a la que hay que responder con audacia en la era del conocimiento. En profundizar una diversificación real frente a Estados Unidos que nos haga un país global, que al mismo tiempo sepa decirle sí o no al vecino del norte, en función de los intereses nacionales y no de los de coyuntura o de quién sea el titular del Ejecutivo. En una Reforma de Estado aterrizada en un primer plano dentro de lo posible para así avanzar al sendero de lo imposible. En esos grandes vectores, la refundación va en camino. No puede haber espacios vacíos si queremos ganar el futuro. ¿Qué arena hay para pelear por estas metas y para dar respuesta a esos desafíos? El Congreso es la plaza pública para la lucha. El tradicionalismo, presa fácil de las inercias, sería más que un retroceso electoral. La innovación y dar paso a nuevos arquitectos en el priismo, es la puerta para la transformación y para decir a la sociedad que una lectura socialdemócrata es el baluarte que hace la diferencia entre polos ideológicos. En las dos variables para arribar al Legislativo hay que hacer consideraciones importantes. En las diputaciones y senadurías plurinominales hay que desterrar que son lugares para la búsqueda de impunidades de priistas que las buscan para salvarse de la ley. No basta que se asignen mínimos de cuotas para menores de 35 años en los primeros lugares por cada circunscripción. Hay que armar una salida con equidad, donde se privilegie a las agendas legislativas emanadas en lo general del Programa de Acción y trabajadas en lo particular en cada precandidato. Profesionalizar la política y llegar al congreso con soluciones, es la tónica. No dar curules a los amigos, a los de siempre y a los hijos de los políticos que creen que por automático merecen puestos. Si quieren, que luchen en su programa. En las candidaturas por mayoría, identificar a los líderes naturales de la ciudad, el agro, la fábrica, etc., es identificar la oportunidad de cambio y no del tradicionalismo que se ha viciado por el dinero y los poderes fácticos. Reyes Heroles decía que “hay que conocer para actuar y actuar para verdaderamente conocer”. La generación refundadora actúa para que las banderas vuelvan a ondear.
Juan-Pablo Calderón Patiño
capitanbalaju@yahoo.com.mx







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