lunes, 15 de junio de 2009

¿Qué agenda para el PRI?

http://www.ortegaygasset.edu/contenidos.asp?id_i=330

¿Qué agenda para el PRI?
Juan-Pablo Calderón Patiño
Mayo, 2008

El artículo de Liebano Sáez, titulado Una agenda para el PRI, es tan nodal como provocador en el sentido de dejar una interrogante, que aunque plasma en el artículo, el autor deja de tarea principal al lector; ¿Qué agenda para el PRI? Sin duda, una tarea no inclusiva de las élites del partido, sino también un pendiente que urge resolver a la militancia más activa en el debate de las ideas que busca definir que partido se quiere en un México plural y en una sistema competitivo de elecciones. Se habla y no sin razón, de que la política interna en el partido ha transitado de las nociones federales a las realidades del entorno local. Es verdad. Ante la ausencia del titular del Ejecutivo que era también el jefe de partido, ese centro de poder se ha fragmentado en los 18 estados donde gobierna el PRI. No obstante, en las restantes entidades federativas, se supondría tener una mayor capacidad de maniobra interna en el partido, asunto comandado por liderazgos locales que en su mayoría tienen curules en el Legislativo Federal. La oposición del PRI en estados en los que no gobierna se lleva al escenario nacional como una realidad de su nueva etapa histórica, a la que llegó no sólo en el desempeñadero que fue perder dos veces consecutivas la Presidencia de la República. Sino también al hecho cuantitativo de menor porcentaje de votos en las últimas tres elecciones presidenciales. Hoy en día ser oposición no es una tarea resuelta en el PRI. Es verdad que el respeto y la confianza en el orden institucional, tarea llevada por tantas décadas en gobernar, es un baluarte en el PRI. Así se puede dar testimonio del comportamiento de los priistas en la instalación de la sesión para que el Presidente de la República tomara posesión. Otros ejemplos abundan, tal es el caso de su responsabilidad de aprobar en tiempo y forma desde el Legislativo, el Presupuesto de Egresos o reformas estructurales como la del ISSSTE. El alto nivel de votación de la ciudadanía hacia el PRI, frente a escenas de toma de tribuna o incapacidad de gestión política para desarticular conflictos en el gobierno federal, tiene que ver con esa vocación institucional al poder. No obstante, eso no diluye lo que Rafael Segovia retrata muy bien en torno a lo que como oposición debe velar como contrario y oposicionista por naturaleza. “La oposición tiene por función fundamental que oponerse a una política que tiene el poder”. El PRI no puede depender por mucho tiempo en continuar lo que el dicho popular llama en la expresión “nadar de a muertito” Las redefiniciones se deberán resolver con astucia e inteligencia en un debate ideológico que diga que ofrece el PRI a la ciudadanía, pero también cual es el programa contra su adversario histórico que es la derecha, hoy en el poder. Mencionar que el PRD es el contrincante a vencer, es lo mismo que hizo el PRI cuando siendo gobierno creyó que venciendo a la izquierda, tendría más fuerza. Lo único que posibilitó fue el viraje de un electorado para que la derecha llegara al poder en el 2000. El debate ideológico no sólo es la oportunidad para conquistar al electorado que hoy por hoy esta siendo presa de los extremos. Sino también para que el PRI tome posición unificada en asuntos que como el tema petrolero o el de redefinir que relación debe de haber con Estados Unidos, son de trascendencia nacional. Balcanizar, no sólo es polarización geográfica de un neocaudillismo regional. También tiene señas cuando el PRI no puede ser un ramillete suelto de posiciones políticas (y en su caso muy pocas ideológicas) que a veces pueden demostrar conductas, por parte de ciertos miembros, de colaboracionismo con el panismo en el poder. El colaboracionismo de algunos puede ser el final de la participación política de muchos intentos de refundar al partido histórico de México. Se habla que el debate no debe de tener señas de ideología, pero acaso ¿ideología no es también saber articular ideas para saber responder con un programa de acción consolidado? Giovanni Sartori ha escrito que la distinción entre la ideología en el saber y la ideología en la acción no es, necesariamente, una separación: existen problemas que afectan a ambas. ¿Cómo poder articular lo valioso de la experiencia en el oficio de la política con las nuevas formas de entender y hacer política? ¿Cómo saber vincular la herencia histórica con un nuevo andamiaje de las nuevas generaciones y por ende, de las nuevas temáticas que emergen no sólo en México sino también en la comunidad internacional? No es caer en dogmas ni en posiciones irreductibles. Es dar certeza a una política racional en la que la doctrina puede prevalecer sobre la práctica y los principios sobre los precedentes. La racionalidad política es y debe de seguir siendo empírica para que en combinación con el corredor realista pueda dilucidar que alcance y consecuencias tengan los medios para arribar a un fin y bien, para que la práctica política tenga interdependencia con una doctrina y base ideológica que se retroalimente a diario desde los ojos y visión de un nacionalismo, que no está puesto a debate en su existencia, sino en su evolución.

Liebano Sánz establece que el PRI debe privilegiar a las regiones y tiene razón más cuando el PRI es realmente el único partido con presencia nacional en cada región de una nación heterogénea. El debate ideológico debe de dar respuestas de ¿cómo vincular a las regiones? Para muchos el antídoto para demostrar que el PRI nacional, no entendido desde su Dirigencia en Insurgentes Norte, sino en su capacidad de partido federal, es una de sus mayores pertenencias y retos. En un país sumamente desigual donde cinco entidades federativas acumulan más de la mitad del PIB nacional, se debe posibilitar nuevos polos de desarrollo para así dar muestras de inclusión y lo mas importante, que cada estado sea participe de un desarrollo que compagine localidad-región y nación. La nueva realidad global plantea una especie de incongruencia, pero en suma una realidad; el Estado es el principal actor por su sostén político y de seguridad, pero dentro de él, las regiones son un capitulado especial con una mayor interdependencia. Dar respuestas a integración de regiones como el sureste mexicano o la cuenca del pacífico, es un requisito fundamental para que se descubran las posiciones de qué México se quiere en la globalización, además de subrayar sus responsabilidades y derechos como miembro de la comunidad de Estados. Cosas distintas, pero complementarias. Atajar ese camino sería no dar antídotos al florecimiento de figuras que por encima de visiones de conjunto, creen que son los únicos portadores del cambio que debe tener el partido. El partido en lugar de federalizarse se atrincheraría en estados con gobernador del PRI. Lejos de buscar la inserción de su estado y sumarse a una estrategia nacional, el delirio de poder unipersonal representaría un feudo político, y por consiguiente, una larva en el proceso democrático que debe cubrir a todo el territorio nacional. En la elección presidencial del 2006 no es un secreto a voces que más de un mandatario estatal emanado del PRI operó de alguna manera a favor del PAN. Se ha dicho hasta el cansancio que los gobernadores priistas habrían pasado de ser virreyes a reyes o recordando a Cosío Villegas cuando se refería al presidente omnipotente, un monarca sexenal. En el 2012 habrán pasado doce años de que el PRI “abandonó” el poder en lo formal. No obstante, hay dos vectores que deben ser estructura para dar fuerza a una nueva agenda. El primero de ellos dar respuestas de cómo sería el comportamiento, las líneas de entendimiento, la nueva forma de colaboración y articulación de los gobernadores del PRI con un Presidente de la República del mismo partido. Imposible regresar a los tiempos en los que el centralismo ponía o quitaba gobernadores a su antojo e intereses. Pero también riesgoso es sacrificar visiones nacionales por entidades localistas, incapacitados por un oprobioso interés de grupo, para reforzar a las regiones en un esfuerzo colectivo de superación permanente que es el Estado mexicano. El segundo reto o más bien realidad es saber que hacer si se gana la Presidencia de la República en el 2012. En la recepción del gobierno federal el nuevo presidente (fuera del PAN, del partido que fuera) se encontraría con una administración pública “colonizada” por Acción Nacional. Así fue el entuerto de una criticada ley de servicio profesional de carrera, que más que velar por una posición de Estado en el trabajo público, privilegia a los hombres de la derecha. Una de las riquezas del PRI fue encauzar en el aparato público a la profesionalización de muchos dirigentes políticos o bien, de auspiciar a técnicos en distintas ramas desde la agricultura al petróleo, de la diplomacia a las cuestiones hacendarías. Para el 2012 muchos hombres del partido que jugaron un papel en la administración pública del “viejo régimen” ya habrán pasado a jubilación o estarán en otras actividades. ¿Con quién se va a gobernar? ¿Con qué canales no sólo de profesionalidad sino de lealtad política se podrá hacer la tarea? No hay respuestas únicas, pero si realidades inminentes. El debate ideológico, la capacidad de hacer escuela de cuadros políticos, la identificación con sectores de la sociedad que no se sienten representados, la vinculación con causas sociales para dar certeza a acciones de políticas públicas, son un cauce que vincularía renovación generacional con refundación ideológica.

Se tiene que aprender que resultados en procesos electorales locales no pueden ser vistos con seguridad en elecciones federales. Son una buena aproximación, pero no se tiene asegurado el mismo resultado. De la misma manera, el flujo democrático federal debe de tener el mismo vínculo en la vida política en lo local, de lo contrario, las regresiones a formulas superadas (como el verticalismo o la personalización del poder) representarían crisis de credibilidad y espacio para la irresponsabilidad.

El maridaje del PRI en llevar un debate ideológico en el que la unidad esté verdaderamente cohesionada por un proyecto y no sólo por un conjunto de siglas para llegar al poder por el poder, debe reconfigurar los elementos que hoy por hoy debe tener todo partido político moderno que quiera contribuir a la gobernabilidad democrática. Ni la derecha le pertenece al partido que fue movilizador de masas en la otrora etapa histórica del corporativismo, ni la extrema izquierda es el camino. Dilucidar un polo ideológico es la capacidad de tejer una socialdemocracia a la mexicana, de mexicanos y para los mexicanos. Para los teóricos contemporáneos de los partidos políticos; las dimensiones electorales, los intereses de los afiliados, la organización de partido, el sistema de partidos y las instituciones públicas en general, formulación de políticas públicas e implementación de políticas públicas, son surcos en los que depende un partido fuerte en un contexto de construcción cotidiana de la democracia. Buscando nuevas herramientas, la reconstrucción del PRI, debe darse la obligación de que hacer con los resabios del viejo corporativismo que ya es incapaz de operar, dado cuenta de que ya no están los estímulos desde el poder y por consecuencia las organizaciones dejaron de ser aparatos electorales del régimen. La voz del partido fue del Estado dentro del Estado y fuera de esas instancias no había camino político. Ahora, la voz que busque ganar confianza, inclusión, debate y vías de movilización, es desde la sociedad para buscar la interlocución y el acercamiento con el Estado democrático, que en cada elección se pone a prueba el éxito o no de ese acercamiento y de la capacidad para operar en obras políticas de transformación las demandas de grupos tan diversos que van desde la comunidad académica, las minorías étnicas, los diversos grupos del sector empresarial, la juventud obrera, los campesinos, etc. Por más ardua que sea al interior la lucha política en el partido, está no debe de desconocer que elevar la democratización interna es reforzar en el exterior la confianza para realizar la gestoría que el partido debe de mantener los 365 días del año frente a los órganos del Estado.

El PRI tiene un voto duro muy importante, pero insuficiente para las victorias que deberá buscar. En la realidad del sistema de partidos, el priismo fue su artífice desde el gobierno a partir de la serie de reformas electorales que desde 1977 se instalaron con mayor fuerza. Si el PRI quiere tener una agenda parlamentaria que trascienda legislaturas y al mismo tiempo este encaminada a recuperar la presidencia, tiene que atender los vectores de formular políticas públicas para en su caso aplicarlas como gobierno y/o inspeccionarlas y sugerir si permanece en la oposición desde el Legislativo Federal. En ello, el debate ideológico tiene un instrumento no sólo para justificarse, sino para ser un partido constructivo y con guía segura que exilie improvisaciones.

Recobrar la credibilidad en el partido, no sólo como garante de representación político sino también de abrazar causas ciudadanas, pasa por la obligatoria necesidad de redefinir el compromiso de militancia, burocracia partidaria y políticos, por la construcción de un esquema que redefina una ética en dos vías; para arribar al poder y desde el poder. Abandonar esta discusión no abonaría la oportunidad para inventar un mecanismo donde los actores políticos que se ausentan del marco de la legalidad, paguen las consecuencias en solitario y ya no, es posiciones en las que se abusa de la estructura partidista y del compromiso para acrecentar parcelas de impunidad para interés unipersonales o de camarillas. La rendición de cuentas no sólo parte de la obligatoriedad de la legislación en las oportunidades cuando se es gobierno, también representa la ocasión para que dentro de los espacios de la militancia, la credibilidad sea baluarte de legitimidad de la dirigencia nacional, estatal o municipal. Perdurar fórmulas que secuestran al partido por comportamientos magros ilegales o por conductas en un reconocido déficit de ética de unos pocos, no sólo alejaría al PRI para tener un encuentro con las más diversas capas de la sociedad mexicana. También vulneraría ser el espacio para hacer política de quiénes han respetado la legalidad tanto al interior de la vida del partido como en sus propios actos, personales, o en su caso, políticos. Un talón de Aquiles de la vida social mexicana, que lo mismo toca al sector privado que al oficial, ha sido, más que la percepción, realidad en un sin fin de ocasiones. Es más redituable hacer fuera de la ley, que dentro de la ley. La ilegalidad convertida como medio se ha escabullido en varias batallas no sólo políticas sino también en el cotidiano de la vida de cualquier grupo de la sociedad.

¿Quién manejará la Agenda del PRI? Es cierto que se necesita una nueva generación de políticos profesionales, pero hay que detenerse para saber cual es el contexto de esas nuevas generaciones. El México que vio nacer a la generación de mexicanos en el último cuarto del siglo XX, no puede dejar de subrayar que pese a las grandes transformaciones de fin de siglo y de inicios del XXI en México y allende sus fronteras, es también la generación heredera de la suma de contrariedades, éxitos y puntos magros que rebasan a la posrevolución. Entender que esa generación es heredera de la Revolución Mexicana, la primera revolución social del orbe en el siglo pasado, puede confundir y dar espacio a mil lecturas, tan variantes como posiciones que levantarían pasiones en un debate nacional, que se quiera o no, la arrojaría para muchos un saldo de muchos vencidos y muy pocos ganadores. El debate encendido de esa generación puede tener un recato en su expresión, pero no en el recorrido demográfico de una generación que más que hijos, son los nietos y bisnietos de la Revolución Mexicana. La generación del último cuarto del siglo XX fue la que cuyos padres vieron el fruto de un país que por primera vez en su historia, la estabilidad social y el crecimiento, parecían ir en la misma vía. Así lo suponía el crecimiento en términos reales de la economía mexicana que creció a un ritmo sostenido de 6.4% y un PIB per capita a razón del 3.2%. Las generaciones que escapen a la inmovilidad y sean concientes de su responsabilidad histórica, tendrán abierto el camino, aunque algunos no pocos, intenten cerrar el camino. La agenda es también reposicionar al Estado Laico y dar una nueva fórmula que en un contexto globalizador debe de dar cuenta para que es la riqueza nacional y como redistribuir el ingreso en la sociedad. El México histórico y el papel que le espera resolver en el futuro, no puede estar en una escala indefinida, como tampoco en la inacción ni en la desfragmentación de voluntades constructivas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario